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La Comisión Europea publica el Código de Buenas Prácticas de la ley de IA tras meses de presiones y dudas

Tras una larga espera y en un clima de tensiones regulatorias, la Comisión Europea ha publicado finalmente el Código de Buenas Prácticas para la Inteligencia Artificial de propósito general, un documento clave ligado a la aplicación de la Ley Europea de Inteligencia Artificial (AI Act). Este código se enmarca dentro del proceso de implementación progresiva de la normativa comunitaria, cuya parte relativa a los modelos de IA de uso general entrará en vigor en agosto de 2025.

Objetivo y contenido del código

El objetivo central de este código es ofrecer una guía clara para los proveedores de estas tecnologías en materia de transparencia, respeto de los derechos de autor y gestión de riesgos, todo ello con la finalidad de facilitar el cumplimiento de la ley y garantizar que los sistemas de IA que operen en Europa sean seguros, éticos y confiables. Elaborado por la Oficina de IA de la Comisión Europea, en colaboración con un millar de actores del ecosistema (incluidos expertos, académicos, representantes gubernamentales, sociedad civil y observadores internacionales), el documento busca equilibrar innovación y seguridad jurídica.

Requisitos para los desarrolladores

En la práctica, recoge una serie de formularios, directrices y buenas prácticas que deberán adoptar los desarrolladores de modelos de IA generalistas, como los de lenguaje o sistemas multimodales, para identificar riesgos potenciales, describir los datos utilizados en su entrenamiento y mantener actualizada la información relevante sobre su funcionamiento.

Presiones externas y críticas

Este avance llega tras varios retrasos en la publicación del código, que inicialmente debía ver la luz en mayo de 2025, pero cuya publicación fue pospuesta en repetidas ocasiones, generando inquietud y acusaciones de presiones externas.

Algunas de las principales empresas tecnológicas globales, como Meta, Spotify, SAP o Klarna, expresaron abiertamente su rechazo al contenido del AI Act, advirtiendo de que Europa podría «quedarse rezagada» tecnológicamente por aplicar una regulación que consideraban restrictiva y poco coherente. Estas críticas coincidieron con la decisión de Bruselas, a principios de 2025, de retirar una directiva complementaria relacionada con la responsabilidad legal de la IA, lo cual avivó aún más las sospechas de que se estuviera diluyendo el alcance real de la ley en favor de los intereses de ciertas empresas o gobiernos extranjeros, como Estados Unidos.

Reacciones y defensa del marco regulatorio

La situación generó una reacción por parte de algunos de los grandes defensores de la regulación europea en IA, como el científico Yoshua Bengio, premio Turing, y Carme Artigas, exsecretaria de Estado de Digitalización en España, quienes firmaron una carta dirigida a Henna Virkkunen, vicepresidenta de Tecnología de la Comisión Europea. En la misiva, los firmantes advertían de que convertir en meras recomendaciones lo que originalmente eran obligaciones firmes para las grandes tecnológicas sería «peligroso, antidemocrático y generador de inseguridad jurídica», socavando los principios fundacionales de la ley.

Revisión continua y contenido del código

La Comisión Europea ha intentado calmar las aguas, asegurando que este Código de Buenas Prácticas no será definitivo y que será objeto de revisión continua. Según palabras de la vicepresidenta Virkkunen, el documento «es un paso importante» para que la IA desarrollada en Europa sea no solo innovadora, sino también segura y transparente, y remarcó que quienes se adhieran al mismo dispondrán de «una vía clara y colaborativa» para cumplir con la legislación europea.

El código se articula en tres grandes capítulos. El primero, sobre transparencia, incluye un formulario estandarizado que los proveedores deberán completar para cumplir con las obligaciones informativas recogidas en el AI Act. El segundo aborda los derechos de autor, ofreciendo herramientas y directrices para respetar el copyright en el desarrollo y uso de modelos de IA. El tercer capítulo se enfoca en seguridad y protección, detallando prácticas concretas para gestionar los riesgos inherentes a los sistemas más avanzados, desde posibles sesgos hasta impactos en la privacidad o la seguridad social.

Próximos pasos y retos pendientes

La publicación de este documento marca un momento crucial en la implementación de la Ley Europea de Inteligencia Artificial, pero no supone su punto final. Ahora serán los Estados miembros quienes deberán evaluar su adecuación y adaptarlo al contexto nacional. Además, la Comisión Europea publicará en julio directrices adicionales sobre los conceptos clave relacionados con los modelos de propósito general, lo que ayudará a cerrar el círculo normativo en torno a una tecnología en rápida evolución.

En este escenario, el código busca convertirse en un instrumento de autorregulación reforzada, que permita a los actores de la industria anticiparse al cumplimiento obligatorio de la ley, mientras se construye un entorno de innovación responsable.

La atención ahora se centra en cómo se traducirá este marco en la práctica, y si realmente será suficiente para asegurar un desarrollo de la IA alineado con los valores europeos de transparencia, derechos fundamentales y seguridad.

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