El término BIG Data hace referencia al tratamiento masivo o de grandes volúmenes de datos mediante algoritmos matemáticos con la finalidad de establecer correlaciones entre ellos, predecir tendencias y así, poder tomar decisiones. Se entiende en el ámbito de la informática, que nos situamos ante un tratamiento masivo si se cumple, “El modelo de las 3 V”: volumen, velocidad y variedad.

Los algoritmos o técnicas utilizadas permiten encontrar patrones comunes en los datos con la finalidad de obtener la información que se desea cuyo procesamiento Se realice de forma rápida en tiempo real. Los usuarios de herramientas digitales ceden sus datos para una finalidad concreta, por ejemplo, en redes sociales a cambio de comunicación, en los comercios para obtener promociones y ofertas, o en aplicaciones de salud para mantener una relación directa con el médico… todo ello sin ser conscientes del verdadero uso que de sus datos personales puede llegar a hacerse.

A modo de ejemplos ilustrativos:
– Google Crome: ésta envía a su empresa matriz todo lo que hace el usuario en materia de navegación.
– Gmail: analiza la correspondencia intercambiada, obteniendo relevante información sobre el emisor y sus contactos.
– AdWords: Sabe en todo momento lo que el empresario quiere vender o promocionar. A través de la navegación por internet, estamos suministrando información sobre cada uno de nosotros, datos que podemos considerar irrelevantes, pero que son de gran interés para terceros por lo que serán analizados por corporaciones comerciales, empresas publicitarias, entidades financieras…. comenzando así, a crearse economías de gran valor en torno a los datos.

Los datos a los que estamos haciendo referencia pueden ser utilizados y por tanto rentabilizados tanto por sectores públicos como privados. Debemos ser tener en cuenta que lo esencial del valor de los datos es su potencial de reutilización aparentemente ilimitado.

Por ejemplo, MasterCard descubrió analizando la información de la que dispone que, existe una alta probabilidad de que cuando la gente llena el depósito de gasolina del coche alrededor de las cuatro de la tarde, en la próxima hora se gasten de 35 a 50 dólares en una tienda de comestibles. Esta información puede ser vendida a un publicista para imprimir cupones de oferta y repartirlos a esa hora del día en lugares cercanos a las gasolineras, convirtiéndose MasterCard en intermediaria de los flujos de información.

Cualquier empresa desea obtener más información acerca de sus usuarios, es por ello que, se recopilan y almacenan datos para su posterior análisis. Esta actuación también es llevada a cobo por grandes empresas innovadoras como Amazon, de la que se dice que una tercera parte de todas sus ventas son resultado de sistemas de recomendación y personalización, es decir, de un tratamiento posterior de datos personales de usuarios.

A raíz de todos los ejemplos expuestos, observamos que los datos se han convertido en elementos de control de una sociedad cada vez más informatizada, motivo por el cual la privacidad y la confidencialidad deben protegerse, pues son de manera evidente vulneradas al no realizarse el tratamiento con las suficientes garantías y el debido consentimiento.

El nuevo Reglamento Europeo de Protección de Datos (2016/679) establece el consentimiento del interesado como toda manifestación de voluntad libre, específica, informada e inequívoca por la que el interesado acepta, ya sea mediante una declaración o una clara acción afirmativa, el tratamiento de datos personales que le conciernen”. El consentimiento no debe considerarse libremente prestado cuando el interesado no goza de verdadera o libre elección o no puede denegar o retirar su consentimiento sin sufrir perjuicio alguno.

Las empresas que usan y comercializan estos datos acuden a cláusulas y términos complejos, para dificultar la comprensión de las condiciones de privacidad y términos de la misma, habrá por lo tanto, que actuar con cautela e informarnos en todo momento de el destino que pueden llegar a tener los datos que facilitamos con un fin concreto.

Dado que no existe en la sociedad una cultura general de privacidad de datos personales es necesario informar a los usuarios sobre los posteriores usos de sus datos y advertirles sobre la posible reutilización lucrativa que pueda derivarse.