¿Cuántos de nosotros somos capaces de leernos un texto de 4 o 5 folios sin pestañear y en cuestión de segundos? Esta práctica es muy habitual de los “aceptadores” de políticas de privacidad y condiciones de uso de aplicaciones y sitios Web, a veces incluso de dudosa legitimidad. Esta práctica o la aceptación de Cookies de los sitios Web sin leer detenidamente que datos personales se van a recabar y con qué finalidad suele generar escándalos como los de Facebook y Cambridge Analytica que, según afirman muchos medios, propiciaron la elección de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos de América.

¿Dónde está la protección de nuestra privacidad?

En el caso de EEUU esta práctica es legal. Poco ética sin duda, pero no disponen de una normativa de Protección de Datos como en Europa. En nuestro caso, sin embargo, pese a disponer de normas que obligan a los proveedores a informar al usuario sobre los datos que van a recogerse y con qué fin se utilizarán, ni lo sabemos por la simple razón que comentábamos al comienzo de este artículo: somos “aceptadores” compulsivos de condiciones de uso y políticas de privacidad.

Políticas de privacidad y condiciones de uso

Es posible entender que un usuario medio se salte el proceso de lectura y no dude en marcar la pestaña de haber leído ‘’detenidamente’’ los textos del proveedor. Y es que, en todos ellos, tanto el vocabulario como la finalidad que nos exponen resulta extremadamente tediosa y no dudamos en saltarnos este proceso tan importante. ¿Nos hemos preguntado por qué un juego que descargamos en Play Store o Apple Store necesita acceso a nuestra galería de fotos o micrófono? LaLiga consiguió destapar muchos bares que ofrecían partidos de fútbol sin licencia ya que su aplicación pedía acceso al micrófono de nuestros dispositivos y se conectaba cuando el cliente acudía a un bar para ver un partido.

Con el RGPD en vigor estas cuestiones se han regulado un poco más y ahora existe la obligación de recabar datos y solicitar acceso a aquellos que sean estrictamente necesarios para cumplir con la finalidad, sin embargo, puede seguir existiendo la letra pequeña de los textos que nunca leemos y aceptamos sin dudar.

Lo gratuito tiene un precio: el usuario

Una aplicación gratuita nunca lo es ,porque de algo tendrá que sacar beneficio: del usuario. Mejor dicho, de los datos personales del usuario. Es necesario prestar especial atención ya que los datos a los que damos acceso pueden generar problemas reales de privacidad y económicos. En cuanto encendemos un smartphone nos convertimos en potenciales víctimas de hackeos. Quizás no seamos famosos, pero todos tenemos una aplicación bancaria en nuestros dispositivos o incluso pagamos a través del móvil, realizamos compras Online, podemos tener conversaciones de WhatsApp o por e-mail con algún cliente importante y todo ello es accesible para muchas aplicaciones y hackers malintencionados en Internet. Es importante cuidar nuestra seguridad y saber que datos dejamos en la red, a quien se los damos y para que se utilizarán

Oro en forma de Datos

Muchos expertos han afirmado, y con muchísima razón, que los datos personales son el oro del siglo XXI, o el nuevo petróleo. El rendimiento económico que se le pueden sacar a nuestros datos es realmente alarmante:  Los datos almacenados en nuestra App de banca Online se venden por 200 euros, por cada usuario. La plataforma PayPal es la más demandada y los datos almacenados en ella equivalen a unos 250 euros por cada usuario.

Estas plataformas no dejan de ser seguras, sin duda, pero la inseguridad aparece con aplicaciones de terceros o políticas de cookies que podemos aceptar en Webs de dudosa legitimidad y que dan vía libre para inspeccionar nuestra navegación por la red.

Que decir de los datos de geolocalización que tantos quebraderos de cabeza pueden causar a familias. Sobre todo, con los más vulnerables: los menores. Este sector está totalmente expuesto porque no concibe el peligro de estar conectado a todas horas y en cualquier lugar. No dudan en acceder a sitios Web poco fiables y, sin duda, son los mayores ‘’aceptadores’’ compulsivos y con los que mejor se pueden realizar perfiles de futuro.