“PAPÁ, NO ME SAQUES EN INSTAGRAM”: LA EXPOSICION DE TUS HIJOS YA ES UN PROBLEMA FAMILIAR.
La gran mayoría de los menores de catorce años ya tienen una huella prácticamente imborrable en Internet.
El Confidencial ha publicado esta semana un artículo sobre la sobre-exposición de menores en redes, incrementada con el aumento de influencers de vida familiar o sharenting desde que se ha encontrado un nicho en redes como Tik Tok o Instagram que permite monetizar e incluso construir un negocio a partir de mostrar el día a día de los hijos, algunos de ellos convirtiéndose en personajes públicos mucho antes de que puedan consentir por su propia voluntad a su exposición en internet.
La Normativa Europea de Protección de Datos establece una regla muy clara: solo a partir de los catorce años el menor tiene derecho a dar su consentimiento, antes de esa edad, el consentimiento recae en los padres o tutores legales.
Por otro lado, la Ley Orgánica de Protección Jurídica del Menor recoge el derecho al honor, la intimidad personal y familiar y a la propia imagen de los menores.
Las dos normas entran en conflicto cuando hablamos de la publicación de imágenes de menores en redes sociales: la publicación se puede considerar una intromisión ilegítima aun teniendo el consentimiento de los padres, cuando este contenido menoscabe la honra o la reputación del menor.
Como apunta el artículo al que nos referimos, el 81% de los menores de 6 meses ya tiene presencia en internet. Estamos en la época más expuesta de la historia, y muchos padres que comparten imágenes de sus hijos sin la protección debida no saben los peligros que puede suponer mostrar las caras de los menores en las redes.
No solo estamos hablando de peligros como el acoso por parte de depredadores sexuales o la suplantación de identidad, que son casos extremos pero cada vez más extendidos con la proliferación de estafas dirigidas a los niños o el aumento de perfiles de bots en las redes, también nos referimos al posible daño psicológico del menor al no poder decidir sobre su propio contenido y la exposición a posible bullying en otros entornos.
El artículo habla sobre como algunos menores acuden a pedir ayuda en el colegio porque sus compañeros han visto su contenido y han recibido acoso o burlas, el menor no cuenta con herramientas adaptadas para exigir que su familia deje de compartir su contenido: denunciar a sus padres es un extremo muy drástico para exigirle a un menor de catorce años por algo que puede considerar como normal en su día a día, pero mientras esta exposición continúa sufren las consecuencias.
Otro efecto que observamos desde Rapinformes es la enseñanza que reciben estos menores sobre cómo protegerse a ellos mismos. Si desde pequeños los padres o guardianes legales exponen su vida diaria, nadie les frena a hacer lo mismo una vez obtienen acceso a los dispositivos electrónicos.
Muchos menores pueden estar de acuerdo con ser virales o compartir su contenido por internet, pero se convierten en el objetivo perfecto para las estafas o fraudes de identidad.
La suplantación de identidad de menores o el robo de datos para realizar compras es una de las principales formas de estafa online. Adicionalmente, de manera legal algunas plataformas se aprovechan de la edad de sus usuarios: recientemente se ha obligado a poner controles parentales a las compras internas de aplicaciones como Roblox, cuyo usuario principal son menores, sin embargo, este control parental supone una simple suma que muchos niños pueden solucionar.
En conclusión, hay innumerables estudios sobre las consecuencias de la exposición de menores en Internet, pero las distintas normativas de protección de datos no han conseguido concretar una manera de aplicar herramientas eficientes para frenar los posibles riesgos con los que nos encontramos, que se multiplican cuanto más aumenta la relación entre la sociedad y las redes sociales.
En una comparativa entre normativas de distintos países, aquellos que se encuentran bajo el marco europeo de Protección de Datos son aquellos que mayor protegen los datos de los menores, sin embargo, aún no cuentan con una normativa específica para la exposición por parte de los propios familiares.
Se ha abierto recientemente un debate en redes sobre la posibilidad de prohibir publicar las imágenes de menores de doce o catorce años en las redes para atacar el problema desde la raíz, pero a día de hoy ningún país ha implementado medidas como esta o similares.