Hace cosa de 500 años, grandes señores, reyes, empresarios y otras figuras adineradas comerciaban con el nuevo mundo a través del mar. La preocupación residía en los piratas que pretendían hacerse con suculentos botines cargados de oro.

Ahora tenemos un problema similar, pero del siglo XXI, pues todos  poseemos algo de un valor incalculable: nuestros datos. Y además tenemos el mismo problema de hace cinco siglos: los piratas que quieren el botín de todos: los hackers.

La seguridad de nuestros datos

No importa quien tenga nuestros datos personales en su poder, administración pública, organizaciones internacionales, empresas privadas, porque, no sólo nosotros tenemos acceso a ellos.

En nuestros días todo está conectado, de un modo u otro, a un dispositivo tecnológico y que, por ende, puede ser accesible por cualquier experto que así lo quiera. Si es cierto que hay sistemas, tecnologías, algoritmos que hacen ese acceso muy difícil, pero no imposible.

La seguridad de la información en la actualidad

Las comunicaciones cuánticas están basadas, directamente, en la física cuántica pero aplicada a la tecnología, a nuestras vidas, a nuestro día a día. La diferencia que ofrece respecto a los actuales algoritmos, es que éstos son predecibles, pues al final son un proceso lógico que sigue una secuencia, muy compleja, pero no deja de ser predecible.

En la actualidad los algoritmos complejos se utilizan para crear cajas fuertes casi impenetrables. Pero para abrir estas cajas necesitamos la llave, por lo que éstas se crean siguiendo el mismo principio.

Ahora bien, si nosotros queremos que la caja sea abierta por otra persona, tendremos que darle la llave y en ese proceso de entrega puede ser robada. Sería un ejemplo de las comunicaciones actuales, muy complicado, pero si alguien quiere robarte la llave, seguro que lo hará.

Las comunicaciones cuánticas

La física cuántica aplicada al tratamiento de datos tiene por objetivo evitar ese robo. Para que no resulte un artículo científico, trataremos de explicar el fundamento con la llamada superposición cuántica.

En este sentido, imaginemos que detrás de una puerta puede haber una manzana o una pera. Tenemos que elegir una y si acertamos nos quedaremos la fruta. Sencillo, 50% de probabilidad si decidimos ir a por la pera o por la manzana.

Pero, una energía invisible hace que la decisión se tome en el momento en que abrimos la puerta y no antes. Es decir, podíamos estar totalmente seguros de que había una pera, pero hasta el último instante la fruta no decide si es una pera o le da por ser manzana.

Con las frutas en la mesa, lo que pretenden las comunicaciones cuánticas es solucionar ese problema del robo. Nosotros enviamos nuestra maravillosa llave algorítmica por correo y jamás sabremos si alguien ha copiado esa llave, si la ha cogido para abrir nuestra caja algorítmica y después la ha devuelto a su sitio.

La física cuántica aplicada al caso ,nos avisaría si ese robo se produce, para que cambiemos de decisión. Por lo tanto, mientras la puerta se mantenga cerrada, todo estará a salvo.

Resulta fundamental una tecnología capaz de protegernos

En Europa, y en el mundo, hay multitud de proyectos e investigaciones que pretender dar con la solución a este problema. El proyecto CiViQ, Brain Project o Graphne Flagship son algunos de ellos, con inversiones de más de mil millones de euros.

Estamos ante la segunda revolución cuántica y se estima que a medio plazo ,sea posible aplicar la física a nuestra día a día, pero a un coste razonable. Y no queda más remedio, pues hoy son nuestros móviles u ordenadores, verdaderos contenedores de datos personales; cajeros automáticos, grandes empresas poseedoras de información sensible: datos de seguridad nacional, defensa, justicia, etc.

Ya están desarrolladas camisetas que analizan nuestra salud, vehículos que conducen solos o viviendas inteligentes que conocen nuestra entrada, saben que nos gusta, claves de acceso.

Pensar que alguien pueda acceder digitalmente a un vehículo sin conductor o acceder a nuestra vivienda inteligente, es algo preocupante y la física cuántica aplicada al tratamiento de todos estos datos es, por ahora, la única solución.