Afirmar que los mayores impactos económicos, sociales y políticos se deben a las TIC es una verdad innegable. Desde la puesta en marcha de ARPANET por el Departamento de Defensa de EE. UU. en 1972, pasando por World Wide Web en 1991, el ADSL, los smartphones, la Fibra Óptica y un largo etcétera, el avance mundial, en términos generales, es apabullante. Hoy en día disponemos del 5G, la realidad virtual e inmersiva, computaciones cuánticas, inteligencia artificial, seguridad de los datos, son los próximos pasos y retos de los años venideros, aunque algunos ya implementados, pero no perfeccionados.

El reciente 5G

Quien iba a imaginar que se podría establecer una conexión con velocidades de respuesta de 1 milisegundo. Lo cierto es que la implementación del 5G, pese a estar operativa, sigue en fase de desarrollo. No porque sea inalcanzable, sino porque no se disponen de los medios suficientes. Antenas, instalaciones y dispositivos capaces de hacer frente y beneficiarse de esta conexión de 20-30 gigabits. Sin embargo, ya existen vehículos, sanitarios y policiales, que disponen de los mecanismos necesarios para beneficiarse de la conexión 5G, aunque no con la suficiente agilidad. Además de estos, empresas y otros vehículos incorporan mecanismos para beneficiarse de la conexión ultra rápida. Todo ello ofrece ventajas, en el caso de los nuevos vehículos del Cuerpo Nacional de Policía, permitirán realizar una lectura instantánea de cientos de matrículas y comprobar la legalidad de los vehículos, sus dueños y cualquier hecho relevante relacionado con la actuación policial.

Otro campo donde toma especial relevancia, es tanto en la realidad virtual como en la inmersiva. Si bien la realidad virtual es una simulación, la reciente realidad inmersiva permite una interacción directa entre sujeto y máquina. En este sentido se hace indispensable una conexión eficiente y ultra rápida que permita, por ejemplo, a una persona controlar una máquina y arreglar una antena que está a 1000 km desde una cómoda silla en su oficina.

La Inteligencia Artificial

Hemos hablado infinidad de veces sobre los tratamientos masivos de datos y por qué son el nuevo petróleo de las empresas. La inteligencia artificial (en adelante, IA) está a la orden del día y su funcionamiento se basa en la creación de fórmulas matemáticas e informáticas, o lo que es lo mismo, algoritmos que permiten programar una máquina para imitar a una persona en cuanto al elemento cognoscitivo o mental.

Hoy en día existen multitud de proyectos y empresas dedicadas al desarrollo de estas máquinas que ya razonan como los seres humanos, aunque todavía es pronto para ver algo similar a lo que se ve en la gran pantalla. Pero no hay que alarmarse y crear teorías de dominación, la IA tiene fines concretos como puede ser el campo de la medicina o el medio ambiente. Precedentes a este último campo son, por ejemplo, las simulaciones realizadas en los años 70 y 90 sobre el desarrollo sostenible en los que, introduciendo datos del año 1900 se pudo prever el futuro de la humanidad hasta el año 2100. Todo ello analizando tan solo 5 campos como son la población, producción de alimentos, contaminación, entre otros. Ahora imaginemos si podemos aplicar algoritmos de ingentes cantidades de datos y con una precisión minuciosa, podremos conocer la estrategia a seguir para reducir la contaminación y asegurar el desarrollo de las generaciones venideras.

La interconexión mundial

El hecho de que el mundo entero esté conectado a la red es lo que viene a denominarse como Internet de las cosas. Y es que no solo nos conectamos a Internet con un ordenador como hace unos años, disponemos de teléfonos móviles inteligentes, tablets, relojes, dispositivos de monitorización de actividad física, salud, sueño, etc. En este campo encontramos a los tan famosos, criticados y amados a partes iguales, asistentes de voz. Microsoft, Google, Apple o Samsung están a la cabeza en este campo. Todo ello nos lleva a un mundo interconectado en el que, a través de la voz, podemos pedir que nos enciendan la televisión, llamen a alguno de nuestros contactos o nos avisen de que tenemos el pulso acelerado y que es hora de ir a dormir.

Todos estos datos, al final, son los que en gran medida se utilizan con los algoritmos que hemos mencionado anteriormente y posterior desarrollo de la IA. Solo es cuestión de tiempo un desarrollo espectacular de la IA ya que, en 3 o 4 años se estiman que habrá más de 4 mil millones de conexiones en el mundo. Teniendo en cuenta que en el mundo hay cerca de 8000 millones de personas y que el crecimiento de la población y la conexión a internet de las cosas es asimétrico, probablemente en unos años las personas estarán conectadas desde antes del nacimiento.

La seguridad de los datos

Un quebradero de cabeza en los últimos años es la búsqueda de la seguridad. Por ello la tecnología del “blockhain” cobra cada vez mayor relevancia. Pensado en un primer momento para realizar transacciones económicas de una forma segura, otros sectores como la energía, la alimentación entre otros comienzan a probar y encontrar la forma de manejar las grandes cantidades de información de una forma fiable que, por un lado, garantice la integridad y, por otro, la confidencialidad del emisor y receptor.

Los medios necesarios

No es otra que la computación cuántica sobre la que ya hemos hablado en alguna ocasión. Frente al funcionamiento de los ordenadores actuales que trabajan con código binario (0 y 1), la computación cuántica trabaja en qubits o bits cuánticos. Para hacernos una idea, si un ordenador trabaja en binario y nos ofrece un bit, tendremos un valor: 0 o 1. Por el contrario con un qubit tenemos la posibilidad de tener los dos valores a la vez. En otro caso, 13 bits nos ofrecen 13 valores y 13 qubits nos dan 8192 resultados.

Esta tecnología es indispensable para realizar, no solo un tratamiento masivo, sino un tratamiento eficiente y rápido capaz de incluir todos los datos y variables posibles. Aunque el campo de mayor experimentación es el químico en la actualidad, serviría para los programas GNSS o de simulación ambiental que ya hemos mencionado en párrafos anteriores.