No cabe duda que la irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) en nuestras vidas está comenzando a tomar un rumbo poco deseado. Apoyos y críticas negativas por igual, es indudable que la IA ha venido, se desarrollará y no se irá a ninguna parte salvo un giro inesperado. Recientemente la Comisión Europea se ha pronunciado al respecto, publicando un primer borrador de lo que podríamos considerar la ‘’normativa europea de la inteligencia artificial’’, aunque su alcance legal de obligado cumplimiento todavía está lejos, si tenemos los primeros principios éticos de la IA.

Principios, que no son normas

La Comisión Europea ha hecho público el primer borrador de ‘’Principios éticos para una Inteligencia Artificial confiable’’. El borrador ha sido firmado por 52 expertos independientes de ámbitos muy diferentes y proponen unos principios rectores que han de tenerse en cuenta a la hora de generar IA. Entienden, con total acierto, que la IA requiere de supervisión humana, de tal modo que no haya una autonomía del 100% y aquellas cuestiones que la IA no puede comprender, sean controladas por las personas. Del mismo modo debe  garantizarse el respeto total a la privacidad de las personas y ofrecer políticas leales y transparentes. La IA debe estar enfocada al ser humano y no al revés.

La Comisión prevé que el borrador sea definitivo en marzo de 2019.

Creciente preocupación

Lo que se pretende, como objetivo principal a corto y medio plazo, es que con unos principios éticos que se respeten y cumplan, se alcance cierto grado de prosperidad, promocionar una buena dinámica individual y colectiva y que la finalidad última sea lograr la paz.

Como afirman los expertos que han firmado el borrador, la IA no debe ni puede dañar a las personas. Por diseño tienen que proteger la integridad de las personas, física y mental, su libertad, la seguridad y la privacidad de éstas. Deberán asegurar la libertad de expresión y evitar generar daños a la humanidad o acentuar los que ya existen en la actualidad.

Una cuestión muy repetida ha sido la preocupación por el medio ambiente. La IA también puede proporcionar soluciones a los crecientes niveles de contaminación, sensibilizar a la sociedad, recopilar información útil, proponer medidas resolutivas, entre otras medidas que pueden adoptarse gracias a los algoritmos utilizados por los ‘’presentes’’ y, sobre todo, futuros robots.

La Unión Europea tiene una infinidad de retos pendientes de cumplir, sin contar aquellos que asuma en años venideros. A partir de un uso inteligente, coherente y ético de la inteligencia artificial, ésta será decisiva para dar cumplimiento a todos estos retos, ya sean humanitarios, políticos, migratorios, económicos, cooperativos, de seguridad, entre otros muchos.

El mayor reto de la IA

Sin ninguna duda el principal problema es que la IA es, como su nombre indica,  artificial y, por lo tanto, no racional, ni empática, social o emotiva. La IA no tiene todavía capacidad de comprender a una persona como lo haría un igual. Por lo tanto lo que se busca, sobre todo, es que sean las personas quienes decidan cómo, cuándo y dónde utilizar la Inteligencia Artificial sin ser coaccionados ni sus decisiones tomadas por un robot.

La IA debe evolucionar hacía un camino de resoluciones, en el sentido de que si se llega a producir un daño, independientemente de la índole que tenga, la IA debe ser capaz de repararlo, o en su defecto, ofrecer soluciones efectivas para aplicar.

El presente de la IA

No se puede hablar de futuro porque la IA es el presente y solo queda que grandes empresas, profesionales y gobiernos inviertan y desarrollen a más lo que ya está hecho. El camino es largo, pero teniendo en cuenta que en los último 10 años hemos avanzado más que en los 100 anteriores, el avance que  viene es exponencial.