La Inteligencia Artificial (en adelante, IA) vuelve a nuestros artículos y no sin razón. Su auge, su intromisión en los negocios, empresas, en nuestro día a día hace que sea tema de conversación en todos lados. Apoyos y detractores no se ponen de acuerdo, pero la realidad es una: beneficia y perjudica, ¿cuánto? No podemos saberlo a ciencia cierta, pero una cosa sí que sabemos con seguridad: las empresas tienen que actuar y rápido, pues la IA pone en peligro su supervivencia, al igual que lo hacen las nuevas generaciones de millennials, la IA está abriendo nuevos nichos de mercado, así como una nueva visión del ya existente.

La Inteligencia Artificial en nuestro día a día

Son muchos los dispositivos y aparatos electrónicos que incorporan algoritmos capaces de prever o analizar nuestro comportamiento, hábitos, gustos, preferencias. No es raro que, al hablar de un tema concreto con amigos, realicemos una búsqueda en Internet y por casualidad nos aparezca en recomendaciones aquello que queríamos buscar.

En otros casos, cuando realizamos fotografías con teléfonos de última generación, éstos son capaces de analizar nuestro entorno y adaptar todos los filtros para obtener la mejor imagen posible, ya sea en montaña, mar, con lluvia, sol, con mucha gente, un paisaje cualquiera, animal, etc., el dispositivo es capaz de analizarlo rápidamente y ajustar la mira al entorno que nos rodea.

Las distintas aplicaciones que nos permiten conocer los macronutrientes de un plato de comida con tan solo enfocarlo; los robots de las fábricas que se mueven y realizan envíos a domicilio, adaptándose a las circunstancias, analizando si un paquete es defectuoso, corrigiendo una dirección postal mal apuntada.

Otra de las cuestiones que mayor debate genera es la IA aplicada a la medicina. No ofrece mayor controversia, pues en este caso nos ofrece la posibilidad de descubrir, crear y solucionar miles de enfermedades, tratar a pacientes terminales, estudiar las causas y conocer las soluciones a los problemas sanitarios que, hasta el día de hoy, no era posible.

A favor o en contra

Estar a favor o en contra de la IA es algo muy subjetivo. Evidentemente hay muchas profesiones que podrán desplazar y destruir miles de puestos de empleo. Pero ya no solo la IA como tal, la robótica en sí misma, que están íntimamente ligadas. Un ejemplo simple es el del artesano que tarda meses en crear su obra por un precio elevado. Cada detalle se tiene en cuenta, se analiza cada error, se pule cada esquina. Lo mismo lo realiza un robot, en unas horas y analizando cada detalle también. Si a ello le sumamos la IA, un proceso previo donde analizar los gustos y preferencias del cliente, surgirá un producto totalmente adaptado. Clara está, ni por la mitad del precio.

Ejemplo simple donde los haya, pero lo mismo ocurre con los negocios a pie de calle, tiendas de ropa, compraventa de inmuebles y otros sectores como el Fitness Online o asesoramiento por profesionales. Vemos como han irrumpido las aplicaciones en las que, a través de facilitar unos datos sobre nuestros hábitos, son capaces de generar dietas, rutinas de entrenamiento, seguimiento de nuestras comidas, actividad física etc. Muchos habrán notado, por ejemplo, los servicios de recogida de residuos: donde antes había tres personas que realizaban la tarea, ahora solo hay un conductor con un complejo camión robotizado. Consecuencia: dos personas menos.

Un problema más

El desarrollo de estos algoritmos está al alcance de muy pocos, informáticos experimentados, matemáticos o físicos y tampoco son muchos los que hay. Pero esto no es un problema, pues una sola persona podrá desarrollar un algoritmo complejo facilitando mucho el trabajo para una actividad o servicio concretos. Si apuramos un poco más, hasta es posible desarrollar un algoritmo que programe otros, por lo que problema resuelto.

Lo único que se puede hacer frente a la IA

No queda más remedio que remar a favor de la corriente, adaptarse e invertir en aplicar estos algoritmos complejos en nuestros negocios. Ahora bien, es indudable que miles o millones de puestos de empleo serán destruidos y quedará la duda sobre que harán las personas que se vean perjudicadas. No a todo el mundo le apasionan las matemáticas ni la física. Hay personas que prefieren trabajos manuales frente a los de oficina. Es una cuestión muy controvertida, beneficiosa en muchísimos aspectos, pero peligrosa en tantos o más. Una regulación jurídica eficiente al respecto sería lo lógico, pero también algo de sentido común, pues cada año somos millones más en el mundo y si comenzamos a suprimir empleos, no habrá demanda, y sin demanda, de nada sirve mejorar los procesos de fabricación o prestación de servicios si no se pueden consumir.