El mercado del arte español se enfrenta a un creciente escrutinio por su vulnerabilidad al lavado de dinero, según advierten expertos en prevención de blanqueo de capitales.
La compraventa de obras de arte se ha convertido en uno de los métodos más utilizados para blanquear grandes cantidades de dinero ilícito, solo superado por las inversiones inmobiliarias.
El atractivo de las obras de arte para los blanqueadores radica en su alto valor, difícil tasación y la posibilidad de realizar transacciones con cierto grado de anonimato.
Estas características convierten al sector en un objetivo ideal para quienes buscan limpiar fondos provenientes de actividades ilícitas.
Para combatir este fenómeno, España ha implementado normativas que obligan a los comerciantes de arte a examinar las operaciones sospechosas y reportarlas al Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias (SEPBLAC).
Además, se ha reducido el límite máximo de pagos en efectivo de 2.500 a 1.000 euros para transacciones generales.
En el mercado español es famoso el caso de Luis Bárcenas, ex tesorero del Partido Popular, que intentó justificar su fortuna en cuentas suizas alegando que provenía de su actividad como marchante de arte barroco.
Lo mismo con Rosendo Naseiro, otro ex tesorero del PP, utilizó el comercio de obras de arte como mecanismo para el pago de favores.
Según estimaciones de la ONU, el mercado del arte representa el 0,58% de los flujos financieros ilícitos mundiales, con un valor anual de unos 100.000 millones de dólares. Esta cifra alarmante ha llevado a los reguladores a tomar medidas.
A nivel internacional, varios casos han puesto de manifiesto la magnitud del problema: en 2016, un banquero contrabandeó pinturas de Brasil a Estados Unidos, declarando una obra de 8 millones de dólares por solo 100 dólares, y en 2022, dos multimillonarios rusos sancionados lograron blanquear 18,4 millones de dólares en el mercado del arte estadounidense.